Hoy no me siento, hoy no tengo ganas de nada. Es curioso porque no es la primera vez que me pasa, de hecho, creo que me pasa todos los días. Es una sensación un tanto desconcertante y pesada que me hunde por dentro y me acecha cada vez que me siento baja de ánimos...¿no te ha pasado a ti? Sí, cuando pierdes a tus amigos y te das cuenta de que estás solo, cuando echas de menos a familiares, lugares, momentos, experiencias... Cuando tienes un sueño que te gustaría cumplir, pero no puedes. Cuando miras a tu alrededor y te das cuenta de lo falsas que son las personas que te rodean en tu entorno diario. Cuando sales a la calle y... no ves nada, no ves a nadie, no encuentras ningún motivo para salir, ni siquiera para quedarte, cuando te gusta alguien y te das cuenta de que de verdad te importa, pero sabes que nunca va a poder ocurrir nada entre vosotros... Cuando te falla alguien, cuando esperas algo y no recibes nada, cuando tu propia familia se vuelve en contra tuya, cuando nadie es capaz de apreciar nada de lo que haces, cuando te percatas de tantas injusticias que hay en el mundo y que te gustaría que no existieran.... en definitiva, cuando quieres cambiar tu vida pero no puedes, cuando quieres cambiar el mundo, pero no puedes.Ahí es cuando llega un día en el que has llegado a tu límite, y entonces decides mandarlo todo a la mierda, decides pasar olímpicamente de todo, te das cuenta de que muchas veces las palabras no son suficientes para expresar lo que se siente, que los sentimientos y los hechos son lo que de verdad importa.
Entonces es cuando te decepcionas profundamente y sintiendo que no merece la pena vivir, te dan ganas de quitarte la vida.
Muchos dirán ¿la vida? ¡menuda exageración, que chica más pesimista, con lo maravillosa que es la vida!
A todos ellos les digo que se informen antes de hablar, que se den cuenta de las innumerables injusticias y catástrofes que ocurren hoy en nuestro mundo y nadie hace nada al respecto, que se informen de que hay personas que están profundamente decepcionadas de este mundo, que antes sonreían, tenían ilusión por a vida ya que aún no habían conocido la traición y la maldad, que sólo querían sonreír cuando todavía no les habrían despreciado o hecho sentir mal, que han convertido llorar en parte de su rutina. Que la vida les ha dado dolorosos palos (y les seguirá dando más) y después de miles de intentos por superarlo y seguir a delante, se han dado cuenta de que vivimos en una basura de mundo, o al menos en eso lo hemos convertido.
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